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BIPEDIA 12.1
UNA REPRESENTACION DE CERCOPITECIDO EN LAS PINTURAS DE LA CUEVA DE CHAUVET ( VALLON-PONT-D’ARC, ARDECHE, FRANCE )
POR ANGEL MORANT FORES

Première publication : septembre 1995, mise en ligne : dimanche 29 juin 2003


 "Una imagen vale mas que mil palabras". Esta cita tan popular resume a la perfección el motivo por el cual cada vez que se encuentra una gruta prehistórica con pinturas paleolíticas la expectación creada en todos los medios, tanto periodísticos como académicos, es siempre excepcional. Nadie pone en duda que las pinturas rupestres son nuestras últimas ventanas a la realidad del mundo glacial, no estando sujetas a los caprichos de un fenómeno tan aleatorio como la fosilización, y nos proporcionan, al mismo tiempo, una oportunidad única de sentirnos más cerca de nuestros antepasados : los hombres de Cro-Magnon.

 No obstante, y dejando aparte el puro interés emotivo o estético que puedan tener este tipo de manifestaciones artísticas, el arte rupestre ha venido jugando un papel importante en la reconstrucción de la fauna de épocas pasadas y puede llegar a ser una fuente de información de primer orden para aquellos que, como los paleontólogos, intentan hacerse una idea los más objetiva posible de como era el mundo en el que se desenvolvían nuestros ancestros. Así, y en lo que respecta a la fauna, las pinturas de las cuevas prehistóricas pueden, en ocasiones, servir de complemento a los datos proporcionados por la Paleontología a traves del estudio de las osamentas fosilizadas, bien modificando la fecha de extinción o el rango zoogeográfico de alguna especie en concreto, bien mostrandonos una imagen nítida de como era el aspecto
-  externo de dichos animales ( hemos de recordar que las partes blandas no fosilizan ), o, en último caso, revelando la existencia de algún animal hasta entonces desconocido.

 Este es el caso de la cueva de Chauvet ( llamada así por el nombre de su descubridor Jean-Marie Chauvet ), una gruta ornada que fue encontrada recientemente en el sureste de Francia, más concretamente en el departamento de Ardéche, en el bajo valle del Rodano, y que, antiguedad aparte ( ha sido datada en 30 000 años B.P. ), presenta una seria de peculiaridades que la hacen, si cabe, todavía más interesante, como, por ejemplo, el alto índice de especies no cinegéticas que encontramos en ella y el hecho de que en sus paredes se encuentra la única representación indiscutible de un babuino que se conoce hasta el momento.

 Efectivamente, junto a una serie de componentes de la fauna europea del pleistoceno superior raramente representados en las pinturas prehistóricas, caso de la hiena, el rinoceronte o la pantera, encontramos un animal cuya presencia nos resulta cuando menos inesperada y que cabe identificar sin ningún género de dudas como un papión de tamaño bastante considerable, por cuanto presenta todas las características anatómicas típicas de estos animales :

  • marcha cuadrupeda.

  • cuerpo rechondo y macizo.

  • cruz más elevada que la grupa, por lo cual la linea del lomo cae suavemente hacia abajo.

  • antebrazos más largos que los brazos.

  • hocico alargado ( característica que ha llevado a los expertos a llamar a los papiones monos "cinocéfalos", es decir, "cabeza de perro" ).

  • nariz respingona.

  • orejas pequeñas ( en el individuo de la cueva de Chauvet no son visibles ).

  • cola muy corta.

  • parte anterior del cuerpo recubierta de una espesa pelambrera ( lo que partee deducirse de la banda más oscura que recorre el torax del animal ), mientras que los cuartos traseros aparecen menos protegidos. Esta distribución del pelaje se observa también en otras especies de mamiferos que viven en zonas de escasa covertura vegetal, lo que les impide refugiarse del gélido viento que sopla durante los crudos inviernos que deben soportar en sus respectivos habitats. Es el caso del bisonte ( Bison bison ) de las grandes praderas americanas y el camello ( Camelus bactrianus ) de las estepas de Asia Central.

 En realidad, lo que conocemos familiarmente como "papiones" o "babuinos" son un grupo de primates de la familia de los cercopitecidos que actualmente habitan las sabanas y bosques del Africa subsahariana
-  excepción hecha de una pequeña colonia de hamadryas ( Papio hamadryas ) en Arabia Saudí y Yemén del Sur - y que comprenden dos géneros : Papio ( incluidos aquí se hallan los papiones propiamente dichos, típicos habitantes de la sabana, y, también, los mandriles y driles de las selvas tropicales ) y Theropithecus ( siendo el gelada de las montañas de Etiopía el único representante vivo de este grupo ). Aunque, como se ha dicho, su distribución actual se limite a parte del continente africano, en épocas pasadas llegaron a colonizar el Sur de Europa y Asia. Más concretamente, y en lo que se refiere a Europa, se han encontrado papiones fósiles virtualmente idénticos a los actuales en algunos depósitos glaciares.

 De entre estos papiones, y a lo largo del plio-pleistoceno, algunas formas africanas ya extinguidas llegaron a alcanzar tamaños considerables, destacando en este aspecto los representantes del género Dinopithecus del pleistoceno del Sur de Africa ( que alcanzaban pesos de hasta 80 kilos ) y algunas especies enormes del género Theropithecus, como T. brumpti ( de hasta 55 kilos ) y, sobre todo, T. oswaldi del tamaño de un gorila hembra, animales verdaderamente impresionantes si consideramos que los babuinos modernos vienen a pesar por término medio unos 22 kilos( * ). Es en esta última especie donde encontramos una tendencia más marcada a la colonización de nuevos territorios ( lo que ha podido venir facilitado pour su dieta estrictamente folivora ) pues T. oswaldi son los únicos papiones gigantes cuyos restos se han encon-trago fuera del continente africano. En concreto, se halla representado en los yacimientos de cueva Victoria ( Sureste de España, pleistoceno inferior ), además de en Ternifine ( Argelia, 0.7 Ky ), Olorgesailie ( Kenia, 0.65 Ky ) y Koobi Fora ( Kenia, 1.6 Ky ). Asimismo, está presente también en los depositos fósiles del Sur de Africa, todo lo cual viene a dar una idea del gran éxito evolutivo que tuvieron estos primates. Sin embargo, reconstrucciones hechas a partir de su esqueleto nos lo presentan como un animal grácil, de miembros largos y cara muy corta, bastante diferente al primate cuya representación tratamos de analizar en este artículo.

(*) No incluimos en esta media al dril ( Papio leucophaeus ) que, en ocasiones, llega a los 50 kilos.

 Aun así, ¿ podría tratarse el gran babuino de la cueva de Chauvet de un descendiente de alguno de estos impresionantes simios ? Como hemos visto, desde el punto de vista zoogeográfico es totalmente posible, sobre todo si tenemos en cuenta los continuos y recientes intercambios faunísticos entre Africa y Europa debido al establecimiento, varias veces durante el pleistoceno, del llamado "puente" o Istmo de Gibraltar - conformado por el anillo Rifobético - hecho este favorecido por un descenso acusado en el nivel de las aguas del mar, debido a la gran cantidad de agua de lluvia aprisionada en los glaciares que llegaron a cubrir gran parte de las montañas de Europa. Testigos de excepción de estos movimientos faunísticos son el camaleón común ( Chamaleo chamaleo ) cuyo habitat se extiende hasta el sur de la península ibérica, y, en sentido contrario, el llamado oso de Atlas ( Ursus crowtheri ) que se extinguió a finales del siglo pasado.

 Este supondría, por otra parte, tener que admitir la supervivencia hasta fechas muy recientes de alguna de las especies gigantes antes mencionadas, cosa que los datos paleontológicos no confirman ( es tentador aquí recordar que, según HEUVELMANS [ 1955 ], la identidad del conocido Oso Nandi del Este de Africa podría estar relacionado con los últimas representantes vivos de estos animales ). Tampoco se puede descartar que el individuo de la cueva de Chauvet se trate de alguna especie todavía desconocida de papión, ya que algunos detalles anatómicos, caso de la forma cónica de la parte superior de la cabeza ( que puede ser debida a un mechón de pelo ), el relieve acusadamente abombado del abdomen y su incredíble robustez, no encuentran paralelo en ninguna de las especies actuales.

 En cuanto a la ruta más probable a seguir por estos primates en el transcurso de su migración desde Africa hasta el Sur de Francia podemos suponer que tras remontar el litoral español hasta llegar a los Pirineos debieron bordearlos por el Este ( hemos de recordar aquí que la gran cantidad de glaciares hizo que el nivel del mar en el paleolítico superior fuese 90 metros más bajo ). Este movimiento migratorio hacia el Norte pudo ser facilitado por la existencia durante la época glaciar de periodos intercalados con predominancia de temperaturas más suaves, que son las que parecen haber dominado en el momento preciso en el que las pinturas de la gruta de Chauvet fueron realizadas, esto es, hace unos 30 000 años ( lejos todavía del máximo glaciar, que se produjo en el solutrense ).

 En todo caso, habremos de esperar a que nuevas excavaciones arrojen más datos sobre la presencia de cercopitécidos en el paleolítico superior de Europa para poder pronunciarse de un modo definitivo sobre la posible identidad genérica y específica del primate de esta cueva francesa.

 

AGRADECIMIENTOS

 Me gustaría dar las gracias a François de SARRE por haberme sugerido algunas de las ideas esenciales en torno a las cuales gira este artículo, y a Josep GIBERT por su amabilidad al enviarme su trabajo sobre el Theropitheco de cueva Victoria.

 

BIBLIOGRAFIA

FLEAGLE, John G.
 1988 Primate adaptation and evolution. San Diego, Academic Press.

GIBERT, J., F. RIBOT, L. GIBERT, M. LEAKEY, A. ARRIBAS and B. MARTINEZ
 1995 Presence of the Cercopithecid genus Theropithecus in Cueva Victoria ( Murcia, Spain ). Journal of Human Evolution, 28 : 487-493.

GRZIMEK, Bernhard
 1974 Le Monde Animal en 13 Volumes. Zurich, Stauffacher, 12 : 309.

HEUVELMANS, Bernard
 1955 Sur la piste de Bêtes ignorées. Paris, Plon.

HUGHES, Robert
 1995 Secrets of the Stone Age. Time, 145 [ n° 6 ] : 30-37 ( February 13 ).

 

 

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